 Es notable como la gente se compenetra con el espectáculo. El otro día en el Hipódromo una barra de botijas que estaba afuera del tablado, habiendo escuchado seguramente a la murga por la radio, llevó un montón de implementos para colaborar con la puesta en escena, más concretamente en la parte en que dice "llueven meteoros de paradicloro...". Claro, los tales meteoros no eran precisamente de esa substancia sino de basalto, granito o andá a saber qué, y en realidad -tal vez para ensayar- los empezaron a tirar ya desde el saludo. En síntesis, nos cagaron a pedradas y tuvimos que realizar un repliegue táctico a mitad del salpicón. La gente del barrio quedó comentando "¡Qué espectacular la bajada de La Gran Siete!" Y sí...
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