Y bien amigos... esta semana estamos un poco tranqui con los tablados, ya que nos falló por ahora la primera gira por canelones y los municipales se calmaron un poco. Estan los comerciales, pero claro, son muy pocos. Estuvo lindo el Velódromo lloviendo, el otro día. Bueno, lindo pa' nosotros; la gente capaz que se mojó de más. ¿Quién iba hoy al teatro? Es decir, ayer, bah, ayer y hoy, escribo ésto el martes 13 a la 1:58 de la matina. Hace un mes se me rompió la radio, y no tengo cable, así que ni idea. Espero que no fuéramos nosotros... En realidad, es saludable no estar todo el día en la máquina esa. Todo bien con las radios, pero ahora que no tengo me doy cuenta de que oyéndolás (no sólo por lo que dicen, sino por la gente que llama), uno tiene que esforzarse para no entrar en esa manija enfermiza, persecutoria y manicómica. La verdad es que en carnaval aflora mucha cosa insana por ahí ¿por qué será? Por suerte el tiempo pasa, nos vamos volviendo viejos y cada vez nos quedan menos neuronas y nos vemos obligados a reservarlas para cosas útiles, como acordarnos de dónde vivimos para poder volver a casa. _____________________________ Nota: esta foto y otras siguientes que irán saliendo (son 5) nos las mandó Javier Calvelo (el fotógrafo de la diaria que fue en la bañadera hasta lagomar). Gracias, estan buenísimas. Nota 2: tanto esta como las otras fotos han desaparecido misteriosamente del blo. Estamos trabajando para usted.
Es cierto, todos opinan (amos) y cada quien tiene los suyo para decir, y a veces quiero escuchar los comentarios de los que "saben" para ver que tan lejos estoy de la realidad. Pero la mayoría prefiero dejarme llevar por el corazoncito, ese que va a estallar cuando el tablado quede vacío y como un eco quede el "volverá". Y ese lunes con la lluvia que iba y venía me mojé con la catalina, me mojé con la mojigata y me mojé con la gran siete y me fui feliz por que canté con la gran siete. Es que cuando los simples mortales cantamos con los murguistas, cuando bajan del escenario, cuando se mezclan con nosotros, cuando nuestras voces desafinadas parecen ser acunadas por el coro murguero que te dice "dale que cantas tan bien como yo", cuando una es, entonces, parte de la murga, ahí es cuando no importa nada más que ese sentimiento me acompañará por siempre. Cuando esté triste, cuando no me de para pagar las cuentas, cuando llegue con hambre y en la heladera solo halla una botella de agua Sirte y dos zanahorias, cuando esté ovulando y no tenga novio, ahí vendrá a mí el recuerdo del momento que canté con la murga bajo la lluvia de un febrero tan azul como la remera que tengo puesta en este momento. (Sin los ribetes en plateado ni los canutillos blancos que tiene de adornos en el escote, claro) PD ¿martes 13 de febrero? ¿de que año?
Hoy que me pude levantar de la cama gracias a los antigripales, les escribo para agradecerles la actuación del lunes en el velódromo. Fue una batalla contra la adversidad meteorlógica, que ganamos con la garra y la onda que le pusieron. Magia pura, que se extendió hasta el omníbus donde ya sin voz, y entre estornudos y tos la bajada sonaba timidamente.